
Al partir hacia la lucha pensaba victorioso en la caída del imperio. ¿En qué sentido? Pensaba en un mundo libre, lejos de la opresión, del ocultismo, de la mísera ignorancia. De acabar con los hombres y mujeres que aplastan si les arañas, destruyen países si les tiras sus castillos, que envían a sus hijos a la guerra para mantener a sus familias libres, para defender su estilo de vida y para morir por algo; ahora quieren enviar a los que antes no iban, porque si hay dos brazos, hay un arma entre ellas y un posible terrorista, o quien sea que no sea de su bando, muerto... No pensaba en la rutina, en el sentimiento de falsa protección, de figuras elevadas sobre el monte Olimpo, guardianes de la la luz en la oscuridad, que hacen de este mundo un mundo mejor. ¿Pero qué hay de malo buscar el diferente? ¿Malo para quién? Si controlas el sistema, ¿qué va a hacer el sistema para detenerte?
Un hombre, dos mundos. Un real en donde viola y maltrata mujeres. Uno virtual donde la V de Vendetta es su simbolo y su objetivo. Liberar a la verdad y despertar al mundo de la matriz donde está sumergida desde hace siglos... Pero no todos están preparados para despertar, y otros muchos no quieren despertar.
Desde las trincheras hacen guerra de guerrillas. Muchos caen en el camino, otros, retenidos, son liberados con falsas esperanzas de reorganización y hambre de futuro sin saber que serán vigilados, que servirán de cebo para llegar a la ciudad-servidor de la resistencia, y destruirlo.
Ha comenzado la Primera Guerra Mundial Informática entre un hombre con un reducido ejército y un imperio. El final puede estar lejos o más cerca de lo que pensamos y habrá un vencedor: el pueblo, que seguirá igual. El imperio ha ganado.
¡Todos están locos! ¡Todos! Menos yo.
